Por un lado crees ser lo mejor.
Por un lado crees que nadie te iguala.
Pero luego piensas y piensas.
Y en el otro lado te ves y no eres nada.
Tú ves las ratas.
Las ves antes de que se escondan.
Tú estás más cerca que ellos.
Tan desconocida y tan sabida.
Ellos ven tesoros.
Pero tus tesoros no son tesoros.
Sólo tú lo sabes.
O sólo tú lo crees.
Entre el amor y el odio.
Matizándolo ello de propio.
Sabes en qué te van a insistir.
Pero tú estás entre luchar y desistir.
Lucha.
Escucha.
A ellos... y a ti.
Haz de la balanza fiel amiga.
La línea horizontal es quien salvará.
Potajito Del Bueno
El hogar de las verduras sin cacharro para ser guisadas...
viernes, 28 de enero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Cuando El Verde Deja de Ser Verde
Ojos. Miran ojos desesperados. Miran ojos ansiosos. Ojos. Miran los ojos cansados. Miran los ojos desarmados. Ojos. Ojos secos. Ojos vacíos. Ojos. Miran los ojos presos. Ojos. Ojos atados, ojos heridos. Ojos en celo, ojos con celos. Ojos.
Ojos. Descubren amedrentados el mundo. Ojos horrorizados se descubren. Ojos.
Ojos en mi reflejo, ojos son mi reflejo. Ojos en el espejo, ojos son mi espejo. Ojos.
Ojos llorosos, ojos fogosos. Ojos.
Ojos dolorosos. Ojos dolidos. Ojos que duelen por haber sido dolidos. Ojos dolidos por ojos que duelen. Ojos que duelen por no recordar haber sido dolidos.
Mis ojos. Mis ojos miraron desesperados. Mis ojos miraron ansiosos. Mis ojos se cansaron. Desarmados se secaron y vacíos fueron presos. Mis ojos.
Mis ojos fueron desarmados. Mis ojos fueron apuñalados, heridos, atacados, apocados, destrozados. Mis ojos fueron desarmados por tus ojos. Mis ojos crecieron. Mis ojos saltaron, corrieron, volaron… demasiado… ah, demasiado… Una estocada por la espalda me robó lo volado, y caí, no a donde empecé, sino a alguna laguna nubosa y opaca.
Tiempos corrompidos y por corromper vinieron. Tiempos de horror… Tiempos en los que aprendí a saltar, correr y volar… pero para salvar mis ojos de la consternación.
Mis ojos se ataron (Dios, ¿por qué se ataron?), mis ojos se agarraron (Dios, ¿por qué se agarraron?). Pero ¡ah! No consiste el estar atada en un encantamiento, una emoción fuerte y agotadora y efímera: Consiste en anhelar sus anhelos e idealizar sus ideales. Consiste en adorar sus sonrisas y temer sus tristezas. Consiste en amar sus haceres y sus maneras de hacer. Consiste en odiar sus silencios. Consiste en partirse los dos mofletes y medio por ésa persona. Consiste en una lucha entre alma, cuerpo, corazón y mente por dar lo que esa vida necesite. Consiste en querer saber querer y querer ser querido. Consiste en querer ser correspondido.
Pero todo consiste con un persona que no sabe que existes, que no sabe qué quieres, que no siente lo que sientes.
Ésta puede parecer, pues la pena de la historia. Y pude serlo, si bien no deja por ello de ser la emoción de la ventura. Cuando cada día es una lucha por olvidar. Cuando cada día es una lucha por no desarmarse. El verde que parecía haber dejado de ser verde volvió de pronto a tintarse con tu llegada. Pues no hay verde, por suave y pasivo que sea que sea reemplazado por toda la eternidad en cualquier alma.
Es por ello que cuando el verde deja de ser verde puede ser del azul más fuerte.
Pero cuando el verde deja de ser verde, suele dejar entonces de existir la luz. Mas si el verde dejó de ser verde antes de tiempo, se rompen lazos internos irrecuperables. Y si el verde que dejó de ser verde antes de tiempo es tintado a golpetazos, es entonces cuando no sólo se rompen lazos internos y deja de existir la luz. si no que se echan las mariposas a volar y los pájaros vuelven a cantar pero ya no es primavera. La primavera se ha acabado ya, y tú no acabas de entender... que ya no hay flores que recoger..
Ojos. Descubren amedrentados el mundo. Ojos horrorizados se descubren. Ojos.
Ojos en mi reflejo, ojos son mi reflejo. Ojos en el espejo, ojos son mi espejo. Ojos.
Ojos llorosos, ojos fogosos. Ojos.
Ojos dolorosos. Ojos dolidos. Ojos que duelen por haber sido dolidos. Ojos dolidos por ojos que duelen. Ojos que duelen por no recordar haber sido dolidos.
Mis ojos. Mis ojos miraron desesperados. Mis ojos miraron ansiosos. Mis ojos se cansaron. Desarmados se secaron y vacíos fueron presos. Mis ojos.
Mis ojos fueron desarmados. Mis ojos fueron apuñalados, heridos, atacados, apocados, destrozados. Mis ojos fueron desarmados por tus ojos. Mis ojos crecieron. Mis ojos saltaron, corrieron, volaron… demasiado… ah, demasiado… Una estocada por la espalda me robó lo volado, y caí, no a donde empecé, sino a alguna laguna nubosa y opaca.
Tiempos corrompidos y por corromper vinieron. Tiempos de horror… Tiempos en los que aprendí a saltar, correr y volar… pero para salvar mis ojos de la consternación.
Mis ojos se ataron (Dios, ¿por qué se ataron?), mis ojos se agarraron (Dios, ¿por qué se agarraron?). Pero ¡ah! No consiste el estar atada en un encantamiento, una emoción fuerte y agotadora y efímera: Consiste en anhelar sus anhelos e idealizar sus ideales. Consiste en adorar sus sonrisas y temer sus tristezas. Consiste en amar sus haceres y sus maneras de hacer. Consiste en odiar sus silencios. Consiste en partirse los dos mofletes y medio por ésa persona. Consiste en una lucha entre alma, cuerpo, corazón y mente por dar lo que esa vida necesite. Consiste en querer saber querer y querer ser querido. Consiste en querer ser correspondido.
Pero todo consiste con un persona que no sabe que existes, que no sabe qué quieres, que no siente lo que sientes.
Ésta puede parecer, pues la pena de la historia. Y pude serlo, si bien no deja por ello de ser la emoción de la ventura. Cuando cada día es una lucha por olvidar. Cuando cada día es una lucha por no desarmarse. El verde que parecía haber dejado de ser verde volvió de pronto a tintarse con tu llegada. Pues no hay verde, por suave y pasivo que sea que sea reemplazado por toda la eternidad en cualquier alma.
Es por ello que cuando el verde deja de ser verde puede ser del azul más fuerte.
Pero cuando el verde deja de ser verde, suele dejar entonces de existir la luz. Mas si el verde dejó de ser verde antes de tiempo, se rompen lazos internos irrecuperables. Y si el verde que dejó de ser verde antes de tiempo es tintado a golpetazos, es entonces cuando no sólo se rompen lazos internos y deja de existir la luz. si no que se echan las mariposas a volar y los pájaros vuelven a cantar pero ya no es primavera. La primavera se ha acabado ya, y tú no acabas de entender... que ya no hay flores que recoger..
miércoles, 26 de enero de 2011
III
No lloraste. Aunque lo deseabas.
Fue el nudo.
Te ataba.
¿Te mataba?
No lo sé bien. No sé nada bien. Sé que quise sostener tu castillo de emociones. Quise que las descansaras en mí.
Pero no pude.
No me dejaste.
¿Qué tengo que hacer?
¿Qué puedo hacer?
Entrar.
Curar.
La llave ¡La llave!
El día que me la des podré sanarte.
Prometo sanarte.
Pero antes tienes que fiarte.
O quizás, simplemente amarte.
Fue el nudo.
Te ataba.
¿Te mataba?
No lo sé bien. No sé nada bien. Sé que quise sostener tu castillo de emociones. Quise que las descansaras en mí.
Pero no pude.
No me dejaste.
¿Qué tengo que hacer?
¿Qué puedo hacer?
Entrar.
Curar.
La llave ¡La llave!
El día que me la des podré sanarte.
Prometo sanarte.
Pero antes tienes que fiarte.
O quizás, simplemente amarte.
jueves, 13 de enero de 2011
Poem II
A veces el aire ahoga. A veces el aire parece apretar tu cuello y escurrir sus sudorosas manos por todo el cuerpo. A veces el aire mata. Y parece que morimos.
Yo corrí. Corrí hastiada del aire que se pegaba a cada poro de mi piel, corrí porque el aire buscaba cruelmente mi histeria, corrí sin razonar. Corrí porque el corazón corría y si mis pies no le seguían, no tardaría en salir del pecho.
Recuerdo que mi razón gritaba, se angustiaba, me angustiaba. Quizá no debía ¡quizá no debía estar donde estaba! Pero, ¡Dios mío! ¿Quién sabría parar a mi corazón exaltado? Él dijo Boom Boom y algo dentro se revolvió. Los cimientos de mi templo en equilibrio se derrumbaron y él, tirano, blandió la espada y la guerra se desató.
A veces el aire ahoga. A veces mata. Bien lo sé yo que perdí mis riendas y llegué hasta ti.
Entonces el aire soltó mi cuello. Entonces el corazón se detuvo. Entonces todos supimos quién había ganado. Eso era todo lo que quería.
Olía a ti.
Y quise abrazarme al aire que te contenía.
Y ahí descansé.
Entonces te vi.
No sé si suspiré, pero me quise quedar ahí. No hablar, ni pensar. Sólo oler, estar. Contigo.
Contigo el corazón se amula. Contigo la tormenta amaina y el viento es brisa. Contigo el aire acaricia y la tristeza se hace risa. Contigo no hay prisa.
Quise recorrer tu cara, recorrer cada recoveco de entre tus poros, quise escurrirme por las enormes cuencas de tus ojos, asomarme por el abismo de tu nariz. Quise, sin querer tocarte, saberte. Quise abrir tu corazón, y cuidar de ti.
Pero me miraste. Sé que fue tu voz suave la que cortó el aire, y fue también tu voz la que cortó mi ensueño. ¡Qué ignorantes! ¡Qué ignorantes tus ojos! ¡Qué ignorantes de tantas y tantas cosas que guardaba para ti!
Pero… ¿cómo? ¿Cómo lo ibas a saber? ¿Cómo entender lo que bullía tan dentro de mí? ¿Quién entendería mi necesidad de hacerte sonreír? ¿Mi necesidad de tenerte junto a mí?
Sólo quiero olerte. No necesito tocarte. Quiero llegar a ti y saber que cuando te veo, cuando aún no me has visto y tienes la barbilla sobre las manos, cuando tienes la mirada perdida y el corazón probablemente también, quiero que entonces no me mires. No te muevas. Sé que te levantarías y me abrazarías, ya oigo el tintineo de las joyas chocando entre sí. No hagas nada. No digas nada.
Quiero extirpar de entre tus entrañas la fuerza que aplasta tu felicidad. ¿Quién te robó la sonrisa? Déjame que sane ése corazón. Déjalo que descanse en mí. Yo le daré el aire que necesite, le daré el tiempo que necesite, le daré la calma, la alegría, el silencio, el consejo, el consuelo que necesite. No porque lo tenga. Pero sí porque lo tendré. Lo tendré todo cuando lo necesites.
Porque sin saberlo, me devolviste felicidad. Déjame que busque la tuya por ti. Mientras, descansa aquí…
Yo corrí. Corrí hastiada del aire que se pegaba a cada poro de mi piel, corrí porque el aire buscaba cruelmente mi histeria, corrí sin razonar. Corrí porque el corazón corría y si mis pies no le seguían, no tardaría en salir del pecho.
Recuerdo que mi razón gritaba, se angustiaba, me angustiaba. Quizá no debía ¡quizá no debía estar donde estaba! Pero, ¡Dios mío! ¿Quién sabría parar a mi corazón exaltado? Él dijo Boom Boom y algo dentro se revolvió. Los cimientos de mi templo en equilibrio se derrumbaron y él, tirano, blandió la espada y la guerra se desató.
A veces el aire ahoga. A veces mata. Bien lo sé yo que perdí mis riendas y llegué hasta ti.
Entonces el aire soltó mi cuello. Entonces el corazón se detuvo. Entonces todos supimos quién había ganado. Eso era todo lo que quería.
Olía a ti.
Y quise abrazarme al aire que te contenía.
Y ahí descansé.
Entonces te vi.
No sé si suspiré, pero me quise quedar ahí. No hablar, ni pensar. Sólo oler, estar. Contigo.
Contigo el corazón se amula. Contigo la tormenta amaina y el viento es brisa. Contigo el aire acaricia y la tristeza se hace risa. Contigo no hay prisa.
Quise recorrer tu cara, recorrer cada recoveco de entre tus poros, quise escurrirme por las enormes cuencas de tus ojos, asomarme por el abismo de tu nariz. Quise, sin querer tocarte, saberte. Quise abrir tu corazón, y cuidar de ti.
Pero me miraste. Sé que fue tu voz suave la que cortó el aire, y fue también tu voz la que cortó mi ensueño. ¡Qué ignorantes! ¡Qué ignorantes tus ojos! ¡Qué ignorantes de tantas y tantas cosas que guardaba para ti!
Pero… ¿cómo? ¿Cómo lo ibas a saber? ¿Cómo entender lo que bullía tan dentro de mí? ¿Quién entendería mi necesidad de hacerte sonreír? ¿Mi necesidad de tenerte junto a mí?
Sólo quiero olerte. No necesito tocarte. Quiero llegar a ti y saber que cuando te veo, cuando aún no me has visto y tienes la barbilla sobre las manos, cuando tienes la mirada perdida y el corazón probablemente también, quiero que entonces no me mires. No te muevas. Sé que te levantarías y me abrazarías, ya oigo el tintineo de las joyas chocando entre sí. No hagas nada. No digas nada.
Quiero extirpar de entre tus entrañas la fuerza que aplasta tu felicidad. ¿Quién te robó la sonrisa? Déjame que sane ése corazón. Déjalo que descanse en mí. Yo le daré el aire que necesite, le daré el tiempo que necesite, le daré la calma, la alegría, el silencio, el consejo, el consuelo que necesite. No porque lo tenga. Pero sí porque lo tendré. Lo tendré todo cuando lo necesites.
Porque sin saberlo, me devolviste felicidad. Déjame que busque la tuya por ti. Mientras, descansa aquí…
jueves, 9 de diciembre de 2010
¡Ey!
¡Ay, gente... ! Los tengo más que abandonados... les pido perdón... ¡ya tenemos 8 seguidores! Aunque siempre me he sentido como si hablara yo sola, quizá aquí está la magia del principiante en el blog. Tenía que decirle a alguien ésta buena nueva, y es que me he enterado de que una mujer conocía mía colecciona marcapáginas. Me ha parecido muy gracioso y desde luego, inesperado. Aquí les dejo su blog para que disfruten, hay verdaderas maravillas, piezas pequeñas con un arte inmenso dentro.
Punto de Papel
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martes, 16 de noviembre de 2010
Bel Bee Bee en CONCIERTO
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